miércoles, 23 de mayo de 2012

ORGULLO PATRIO (I)

Estamos de acuerdo en que los anglosajones son el referente incuestionable en materia de hacer ruidaco, pero sí es cierto que aquí existe gente de talento más que reivindicable. Y como suponéis, no me refiero al maldito rock calimotxero con su demagogia radikal. Al turrón, pues:


  • Sobrinus: el nombre ya delata su devoción hacia Primus, enorme power-trio yanqui de funk progresivo con toques de Zappa. Sobrinus son una mis bandas de cabecera, poseedores de una fressssshcura de altos vuelos, y tristemente disueltos hace casi dos años. Los de Sidney Gámez elaboraron tres discos repletos de imaginación, tanto en lo musical como en las letras, combinando alocadas piezas de funk rock con locuras instrumentales y momentos más introspectivos. ¿Sus poderes? La inconfudible voz pitufada y comunicativa del señor Gámez, el delicioso bajo funk de Javi y dos portentos a la batería: Loza en los dos primeros trabajos y David Parra en el último. La recomendación es extensible a todas sus obras, pero sobre todo destacaría la segunda, Zapping. Por varios motivos: el soberano trabajo de composición, el desparrame instrumental (ejemplo de solvencia técnica al servicio de la canción, sin pirotecnias) y las letras repletas de dobles sentidos, humor surrealista y, a veces, amargura sentimental. Dentro de una carrera ejemplar, resultan memorables temas como Pitufa, San Franciso (canción emocionante hasta la médula), Sirena de charca, Mona Lisa, La música es un Dios (que inspiró mi primer post aquí, aunque hablaba de otra banda), y un larga ampliación más, ya que son discos sin desperdicio alguno. Y un momento cumbre: el interludio instrumental de América profunda, o cómo hacer un solo con los tres instrumentos al mismo tiempo, siempre respetando la autoridad del magistral Loza, que en ese pasaje consigue los redobles más inauditos que yo haya escuchado. Sobrinus, siempre entrañables y a años luz de casi todo.

  • Los Enemigos/Josele Santiago: la forma es distinta, el fondo similar. Josele Santiago es el mayor letrista y compositor que ha dado el rock en castellano, y esto se acepta como dogma de fe Y PUNTO. Aumentando y elevando hasta cotas insospechadas de intensidad las enseñanzas de otro ilustre, Rosendo, Josele ha dado, ya sea con Enemigos o en solitario, con una especie de piedra filosofal donde combinar desgarro, cinismo, supervivencia, optimismo y poesía. Su universo literario se corresponde con la prodigiosa voz de este DIOS con aspecto humano. Grave y rasgada hasta rozar lo grotesco, esas cuerdas vocales son un ente indisoluble con las historias contadas/cantadas. En mi Olimpo particular junto a los Staley, Cornell, Lanegan o Cobains de turno. Sólo añadir, en cuanto a las letras, que Josele también hace gala de suma inteligencia y una sensibilidad sui generis para los relatos ora descarnados, ora esperanzadores de sus letras, inspiradas por la calle o por vidas propias y ajenas. Musicalmente, Los Enemigos tienen su base en el blues-rock y el rythm 'n' blues corrosivo y gamberro, aunque evolucionaron posteriormente hacia una versatilidad donde Josele adaptaba a su peculiar estilo con la guitarra (otra perogrullada: tiene un feeling realmente singular tocando) que les permitió abarcar blues, punk rock, hard rock y hasta irresistibles medios tiempos flirteando con el pop. Uno de los tres mayores orgasmos musicales que he tenido han sido en sus directos, donde los géneros mencionados ganaban en crudeza, hasta convertir el bolo en toda una ceremonia de afirmación ante la vida. En solitario, Josele ha bajado las revoluciones notablemente y se inclina hacia la canción de autor, perdiendo inmediatez y ganando en poesía. Si tengo que elegir mis discos preferidos de LA VOZ (por favor, me estoy esforzando en mostrar mi nula objetividad y el fanatismo que me ciega, apreciadlo), me quedo con la trilogía La vida mata, Tras el último no va nadie (equivalente a In Utero en su desaliento) y Gas. Por su propia cuenta, Las golondrinas, etcétera es bellísmo. Últimamente los tengo algo abandonados, pero Enemigos han sido la banda sonora más importante de mi vida junto a Nirvana, Soundgarden y Alice in Chains (que conste que tengo más horizonte musical, pero al César lo que es del César). Y una última petición a los señores de El País: ni se os ocurra volver a comparar a Josele con el puto Sabina. Sin hueso, mi ansiedad.

ORGULLO PATRIO (II)

  • Lagartija Nick: banda de estética inconfundible, Lagartija Nick se distingue por ser unas de las agrupaciones con el culo más inquieto del país . Sus tres primeros discos son un buen tratado de rock oscuro, deudor del after -punk, y cargado de connotaciones eruditas-visionarias sobre la cultura pop y la sociedad de fin de milenio. Los textos de las canciones son el gran baluarte de los granadinos, ya que el bajista, cantante y compositor, Antonio Arias, posee una gran intuición para fundir referencias culturales con citas literarias e imágenes surrealistas. Sin caer en el artificio, aunque a veces lo roce, pocos letristas existen actualmente con esa capacidad de evocación. La banda se ha distinguido siempre por cambios bastante radicales, exceptuando en esa primera trilogía algo más homogénea (Su, Hipnosis, Inercia). Su primer gran corte de mangas fue el histórico, según algunos, Omega, con el cantaor flamenco Enrique Morente poniendo voz a unas composiciones que empezaban a identificarse con el metal y el sonido industrial. Después continuaron las filigranas con Val del Omar, esta vez aprovechando originales de Lorca. Fruto de esta etapa de experimentación, donde el sonido se metaliza por completo al servicio de un concepto temático, sale Lagartijanick, con el viaje espacial como leit motiv. Esta es mi obra favorita de la banda, salvaje en lo musical (espectacular batería), oscura y tremendamente sugestiva, constituyendo uno de esos discos para cerrar los ojos e imaginar paraísos celestes con infiernos nublados. El sonido continúa bastante parejo en contundencia (algo menos en inspiración) en Ulterior. Así, tras pasarse los finales de los 90 y principios de esta década saltando, prácticamente, de monografía en monografía, en 2004 lanzan Lo imprevisto, una regresión al sonido más inmediato y melódico de los inicios, pero con la lección bien aprendida de su periplo más arriesgado en cuanto a la construcción de atmósferas y de unas letras cada vez más enrevesadas y cultistas. El camino parece ser este último, ya que en El shock de Leia, último trabajo por el momento, acentúan el gusto por las melodías menos corrosivas y las letras algo más "humanas". En suma, pocos palos más se pueden tocar a lo largo de una carrera alérgica a las fórmulas, donde los textos invitan a contemplar la realidad como un puré de coincidencias y relaciones insospechadas. No hay presente, es fluencia, es tránsito.

  • Los que se han quedado por ahí: Rosendo (que se merece todo el respeto y mitificación posibles), los Deltonos (Hendrik Roever, ¿el mejor guitarra patrio de blues-rock?), Siniestro Total (que merecen estar aquí sólo por una letra como 'Matar jipis en las cíes'), los Ilegales (Jorge Martínez for president), Hamlet (y que se jodan los puretas, El Inferno y el disco negro son dos pepinazos de aúpa)... Y un pequeño recuerdo para aquellos que también me han acompañado en mi juventud confusa y bienintencionada: La Polla, Def con Dos, Super Skunk... A la mayoría les tengo bastante abandonados, pero toda escucha sirve, lo que no es poco, para ir agudizando las filias y saber lo que se busca.

MUDHONEY- SALA EL SOL- JULIO 2007: HERE COMES SICKNESS!!!!

Con este post rescato entradas del legendario  http://sekitumi.blogspot.com.es/. Iré añadiendo poco a poco todas las salidas de mi puño y letra menos las que den más vergüenza ajena. O no. Ya veremos. Todas llevarán la etiqueta "sekitumi".

Creo poder afirmar que el pasado jueves 12 asistí al mejor concierto de lo que llevamos de año y a uno de los más intensos y memorables que haya visto nunca: Mudhoney en Madrid. Lo primero a destacar es, de nuevo, la merecida hostia que debería haberse llevado el gañán de la mesa de sonido, que logró dejar sin voz a Mr. Mark Arm en tres ocasiones y dejó a un volumen mínimo algún que otro hachazo de fuzz del señor Turner. Ignorando la falta de profesionalidad del sujeto en cuestión, los de Seattle dejaron un sabor de boca inmejorable entre el público. Sigo a esta banda desde los dieciséis años y esta vez (era la segunda ocasión que los veía) me dieron justamente lo que esperaba de ellos: sudor, intensidad, rudeza y tormentas de distorsión.

Recordemos que Mudhoney son, en esencia, la primera banda a la que se aplicó el calificativo de grunge. Compañeros de escena de Nirvana y otras tantas glorias, su éxito comercial siempre estuvo muy limitado por la falta de concesiones y el descarnado espíritu de su sonido, ya que nunca han gozado de sensibilidad popera ni del gancho melódico de otros grupos amigos. Punk, psicodelia, garage y los fundamentos del ahora llamado stoner rock son sus credenciales, a las que unimos en los últimos discos un poso negroide que ellos se encargan de hacer sonar arrastrado y ácido, como debe ser. Este es uno de los secretos del grupo, como bien señalan en Riff-Fanzine: subvertir los géneros y adaptarlos a su particular estilo, que huye de la ortodoxia como de la peste.

El arranque fue espectacular: 'You got it' y 'Suck you dry' pusieron patas arribas la sala El Sol y marcaron lo que sería la actitud del público hasta el final: como si nos hallásemos en algún infecto garito de Seattle lleno de white trash descerebrados haciendo pogo continuamente. El bolo tuvo una acertadísma elección de temas, repasando todos sus trabajos y volándonos la cabeza con los pepinazos de su inicial etapa en Sub Pop. Así, cayeron 'No one has', 'Sweet youn thing ain't sweet no more' (increíble interpretación de Arm), la infalible 'Touch me I'm sick', 'Mudride' (atención al mega solo de Turner, echando chispas con el wah-wah), la destructiva 'I have to laugh' (otra de mis favoritas), 'Into the drink'... De sus dos últimos trabajos, Since we've become traslucent y Under a billions suns, sonaron 'Inside Job', y las fenomenales 'Where is the future', 'It is us' y 'Hard on for war' (colosal riff). Antes del bis, descontrol absoluto en las primeras filas con 'In 'n' out of grace'. Durante el solo de batería, era patente el feliz desconcierto de la banda ante el entusiamo del público, ante el cual respondieron con generosidad y derrochando carisma. En la segunda parte, Arm se transformó, más que nunca, en una especie de Iggy Pop rejuvenecido y nos dejó directamente sin aliento. Histérico y divertido a la vez, se descolgó la rítmica para obsequiarnos con la faceta más sucia de la banda. 'Fix me', 'The money will roll again' (muy especial, ya que es un tema en el que colaboraba Cobain) y el apocalíptico final con 'Hate the Police' (con la voz de Arm llegando al paroxismo de rabia y desgañite) así lo atestiguan. Tocaron también otros tres temas que confieso desconocer, pero desde luego la adrenalina seguía fluyendo.


La banda acusa los años para bien, con una eficacia brutal sobre el escenario y bastante sobriedad escénica, si exceptuamos el memorable final, con Arm contagiado de la locura del público. Turner es un guitarrista que patea el culo de los virtuosos de academia con su particular sonido y la capacidad de asumir influencias y deformarlas. Por supuesto, no faltó el proverbial e influyente sonido de fuzz saturado y el wah- wah más sucio y descarado. Dan Peters es una puta bestia con las baquetas y Guy Madisson ya es miembro plenamente integrado, posiblemente mejor músico que Lukin. Y premio especial para el jefazo: Mark Arm. Esto es un frontman y lo demás son gilipolleces. Cantó con una rabia y una potencia descomunales, demostrando que sus limitaciones vocales son compensadas con el sapientísmo uso que hace de su registro nasal, amén de una capacidad infernal para el alarido. Como ya he dicho antes, no es nada fácil clavar como hizo la interpretación de 'Sweet young thing...', donde no pude evitar soltar un 'joderrrrr' al final de cada estrofa. Piel de pollo constante con su vozarrón quebrantado. Y derrochando actitud en su momento iguana. De nuevo, Mudhoney, PUTOS AMOS.

lunes, 7 de mayo de 2012

OTRO ESTÚPIDO POST SOBRE LA "CRISIS"

Llevo sin escribir aquí años. La razón: siempre hay alguien que ya ha dicho lo que pienso, y seguramente mejor. Pero la única libertad que me queda es perder mi tiempo como me salga de los huevos.

Veamos: soy uno más. Llevo casi cuatro años en el paro. Serían menos si me hubiera dado la gana buscarme curros de supervivencia, pero como no hay niños ni hipotecas he decidido no colaborar con esta gran mentira en la medida de lo posible. Si no cuentan conmigo yo tampoco quiero cotizar ni consumir ni ayudar a perpetuar lo inmoral y lo inaceptable de esta maravillosa dictadura del libre mercado. Algún día no quedará más remedio que dejar de parasitar a mi familia. Quién sabe, a lo mejor si no me hubieran llenado la cabeza de ilusiones y de falsas promesas a lo mejor yo no sería un pobre imbécil autocompasivo e hipócrita. Esto último es muy autocompasivo y muy hipócrita, por cierto.

El caso es que he leído esto http://elhombrebizantino.wordpress.com/2012/04/22/el-presidente-del-pas-de-los-horrores/ Y he decidido hacer un corta-pega de mis propios comentarios en el mismo. Tengo tanta jeta que ni siquiera me voy a molestar en hacer algo original, pero al menos la materia prima del reciclaje es de mi cosecha. Ah, por cierto, trata sobre la "crisis" (lo entrecomillo a modo de abreviatura de su verdadera denominación: GOLPE DE ESTADO INTERNACIONAL). Dejad que os ilumine y pasémonos por el forro una serie de lugares comunes acerca de la esperpéntica situación que nos ha tocado vivir/sufrir/observar con perplejidad:

  • La culpa la tiene Zapatero. Probablemente, y también de que al batería de Metallica se le haya olvidado tocar. La "crisis" ha sido provocada por una exigua minoría que atesora el control sobre los poderes financieros, es decir, los privilegiados que aún no eran lo suficientemente archimillonarios y que han creado su riqueza a partir de la mera especulación, actividad que ni crea puestos de trabajo ni hace grande a ningún país, a pesar de que estos nobles “emprendedores” siempre tienen a bien llenarse la boca con soflamas patrióticas. El conocido argumento de que la crisis la provocó Zapatero es falso: el fenómeno se lleva gestando durante décadas a nivel mundial, agravado en nuestro país por un modelo de crecimiento económico tercermundista basado en la especulación inmobiliaria y en el turismo. Modelo instaurado, ya de paso lo recordamos todos, en el franquismo, y perpetuado en democracia por todos y cada uno de los partidos que han pasado por el Gobierno, incluido el ya mencionado ex-presidente, del cual no está de más recordar que no dudó en ocultar la gravedad de la situación cuando todo empezaba a derrumbarse (recordemos que 2008 fue año de elecciones, hay que mentir sin piedad) hasta que no tuvo más remedio que traicionar y renegar de sus propias convicciones.
  • La culpa la tienen los fachas/ La culpa la tienen los rojos. Enlazando con lo anterior, es fácil ver cómo el poder político, tanto la derecha como la izquierda, han sido cómplices en este golpe de estado internacional para perpetuar los privilegios de los más ricos. Lo amazing de todo esto es que a pesar de que los partidos políticos españoles se han retratado de forma bastante elocuente en todo lo relativo a su “credibilidad” quedan aún españolitos con fe ciega en que la estrategia contra la crisis del actual Gobierno es la única salida posible. A saber: el empobrecimiento de los que menos tienen, la destrucción del sector público y, lo más INACEPTABLE de todo, EL PERDÓN IMPLÍCITO A LOS RESPONSABLES. ¿De verdad alguien cree que los mismos que han consentido y se han beneficiado con esta tragedia ahora se van a arrepentir y van a salir con la verdad por delante? Sobre la guerra de trincheras, y dado que no faltará quien presuma mi adhesión incondicional al gobierno anterior por renegar del actual, puntualizo: ni voto ni simpatizo con ningún partido justamente desde 2008, cuando más palpable se hizo que el poder político en España ha perdido su razón de ser como depositario de la soberanía popular.
  • A todos nos afecta la crisis. Me imagino que estarán más incómodos los que no llegan a fin de mes o recurren a la beneficencia que los que se siguen lucrando con la “crisis” ¿A quién cojones van a dar los contratos de todos los servicios públicos que se están eliminando o privatizando? Pregunten a m.i.l.f Cospedal o a esa encarnación del mal como estilo de vida que gobierna la Comunidad de Madrid.
  • El Estado del Bienestar es insostenible, es el fin de un ciclo histórico. No hombre no, lo que se está colapsando es el libre mercado, "libre" en su sentido puramente etimológico, claro está, porque en su uso práctico no es más que un fascismo de nuevo cuño donde la parafernalia militar ha mutado en parafernalia consumista y especulativa. Antes te quitaban la vida por no pensar lo que debías, ahora directamente te amenazan con matarte de hambre. Siendo cínicos, igual es cierto que el Estado del Bienestar se está agotando en todo el mundo, incluidos los países nórdicos, aunque curiosamente la situación de esos países nada tiene que ver con el Mediterráneo, donde las mayores atrocidades especulativas se han cometido impunemente.
  • Buscar responsables es una pérdida de tiempo. Me imagino este argumento antes del proceso de Nüremberg y es que me troncho yo solo: "No busquemos culpables, lo que hay que hacer es partir de cero y crear otro sistema menos ario y con menos inquina." Formidable. Claro está que si el mayor valedor mundial de capitalismo, los EE. UU, se ha pronunciado en contra de los excesos de la desregularización de los mercados y la necesidad de acabar con la economía meramente especulativa es porque no hay culpables o no merece la pena buscarlos. Cuando vuelvan a hacer lo mismo les damos un aplauso y nos admiraremos de su astucia una vez más para reírse de millones de personas y arruinarnos la vida.
  • No hay que buscar salidas ideológicas a la actual situación. Supongo que no querer buscar las raíces del problema ni señalar responsables como si esto fuera una mero desastre natural inevitable no constituye por sí mismo una ideología. Claro.
Como bien dice una persona muy cercana, lo único bueno de esto es comprobar la cantidad de cosas prescindibles que creíamos necesitar, y que gran parte de esta confusión y esta enorme frustración colectiva nacen de unas expectativas sobredimensionadas con las que nos hemos criado varias generaciones: estudia mucho y fórmate mucho y trabaja mucho y cagarás dinero y tendrás la casa llena de mierdas tecnológicas y cuanto más tengas más feliz serás. Todo esto dicho de nuevo desde la sana óptica del cinismo. Ahora me da por culo no poder viajar o no poder tener una Fender Jazzmaster. Igual dentro de otros cuatro años me da por culo estar debajo de un puente. O a lo mejor resulta que todo ha sido una mala borrachera y el mundo entero ha hecho un esfuerzo purgante de vómito colectivo y hay que empezar de cero sabiendo lo que no hay que volver a hacer.

Esta última opción me gusta.

martes, 10 de noviembre de 2009

FUZZ HISPÁNICO


Hoy toca reivindicar a un puñado de bandas nacionales y a otra argentina que demuestran el extraordinario momento creativo que vive el hard rock más oscuro y espeso producido en tierras de habla hispana. Es una verdadera lástima que estos grupos sepan de antemano que el hecho de dar rienda suelta a sus inquietudes sonoras les va a condenar al ostracismo comercial absoluto, pero España no es país para rockeros heterodoxos. Así que desde aquí ruego a cualquier interesado: compren sus vinilos y acudan a sus conciertos. Empezamos:

Viaje a 800: la mejor banda española en la actualidad. Procedentes de Algeciras, parten de un hard rock de tintes sabbathianos que con el paso del tiempo se ha visto enriquecido exponencialmente con una pasmosa habilidad para crear atmósferas y sonidos agobiantes, misteriosos y turbios. A la espera de su tercer trabajo, Diablo Röto de y Estampida  de Trombones suponen sendos ejercicios de creatividad que dejan muy atrás la etiqueta de stoner con la que muchos los podrían identificar a priori. En directo destaca su extraordinario guitarrista, todo un ejemplo de cómo construir espacios sin masturbar el mástil desbocadamente. Las enigmáticas letras, cantadas en castellano con un ligero poso andalusí, contribuyen a reafirmar el clima de irrealidad que supura su música. Para el recuerdo su memorable actuación en el pasado Festival Mentes de Ácido.


Loan: el descubrimiento del año. De Bilbao y con dos discos ya publicados, Kobazuloan saiakerak y Hontziria, Loan mezclan en su bestial y particular sonido influencias del mejor stoner y de una etiqueta que no deja de perturbarme: post-rock. Lo que viene a decir que se expresan a través de largos temas plagados de desarrollos instrumentales donde los riffs parecen crecer en espiral hasta desembocar en la placidez o el tormento más absolutos. Las partes vocales, en vasco, tienen una presencia puntual, y tanto el desgarro en la interpretación como la particular sonoridad del idioma elegido hacen que sus canciones parezcan la banda sonora de la guerra entre el Olimpo y los Titanes. Mención aparte para el magistral sonido que consiguen en estudio (aún no los he catado en vivo), donde las distintas afinaciones usadas en la guitarra y el espectacular sonido de la base rítmica, especialmente el bajo, plasman a la perfección el espíritu épico y salvaje de la banda.


Positiva: también procedentes de Bilbao, las raíces de su música son eminentemente setenteras, pero el brillante sentido de la melodía y la habilidad mostrada en los "diálogos" que nos brindan los riffs de sus guitarristas hacen de esta banda algo muy especial. Al contrario que otros grupos de similares influencias y que parecen más centrados en el sonido que en las meras canciones, Positiva atesoran un gran talento para conseguir temas que, sean instrumentales o no, acaban por memorizarse sin casi esfuerzo gracias a unas composiciones simplemente hipnóticas. A destacar en directo el arrojo de su cantante y la contundencia de su sonido, mucho más agresivo que el registrado en su estupendo primer disco Centaur's Ride.


Glow: puestos a etiquetar, que mejor calificativo que el de "los Soundgarden españoles". Tempos ralentizados que los emparentan con el doom más clásico, afinaciones ultra graves, explosivos solos de guitarra que chisporrotean fuzz y wah-wah y un cantante portentoso de registro amplio y desgarrado que inevitablemente recuerda a Chris Cornell son las cartas de presentación de esta banda madrileña, desgraciadamente disuelta. Tras una maqueta donde practicaban un stoner de manual y poco interesante, con Gone, but never forgotten y, sobre todo, el fabuloso Dive into the sun se convirtieron en escucha obligada para los nostálgicos de los sonidos setenteros y noventeros más pesados. Cantante y guitarrista rítmico formarían después Mystic Frequency Worm, mucho más aburridos para el que suscribe.


El Páramo: otra enorme banda originaria de la capital. Totalmente instrumentales y con larguísimos temas, sus influencia más evidentes estarían entre Tool y los Kyuss más herméticos. Riffs mastodónticos, originales y laberínticos crescendos a base de efectos y distorsiones varias y una base rítmica inquieta para un grupo que ilustraría perfectamente una ceremonia ritual a base de peyote.


Los Natas: unos clásicos contemporáneos. La evolución de estos argentinos ha sido constante e imparable: el stoner prototípico se une con el space rock, la psicodelia más eléctrica y el folclore de su país dando como resultado discos tremendamente sugerentes que dan la impresión de estar presenciando un western épico y enfermo, bien aderezado con una particular melancolía en los momentos más relajados. Desde el más previsible Ciudad de Brahman hasta el sublime El Hombre Montaña o el reciente Nuevo orden de la libertad, y pasando por la oscuridad de Corsario negro, Los Natas han demostrado su pericia instrumental (inconmensurables el batería y bajista y no menos hábil el fuzzeante guitarra Sergio Ch.) hasta convertirse en una banda de culto respetada internacionalmente.


Rip KC: y para cerrar, otro formidable grupo madrileño. La juventud de sus miembros es directamente proporcional a su inquietud y a su amplitud de miras, ya que han pasado desde el punk rock calimotxero de sus inicios hasta el omnipresente stoner, el progresivo, la psicodelia y la mirada constante hacia los sonidos más ácidos de la época dorada del rock. Sus trabajos más destacados serían The truth is out there (una eficaz combinación de Fu Manchu, Kyuss, Melvins o incluso Nirvana en momentos puntuales), el colosal Obvious and bleeding (donde las influencias pasan por The Doors, Black Sabbath o Triana) o el más reciente Spingüolf (su referencia más experimental y atmosférica). Todo un ejemplo de eclecticismo bien entendido.


AGRADECIMIENTOS: mentes de ácido, doom &stoner community, riff-fanzine y especialmente a Miky por haberme descubierto a algunos de estos grandes músicos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

FRANKENSTEIN VS. EL CAPITAL


Si me preguntaran cuál es mi película de ciencia ficción favorita de todos los tiempos, la respuesta sería clara: Robocop. También podría decantarme por otras elecciones más o menos canónicas, como Blade Runner, Alien (el octavo pasajero) o 2001: Una Odisea en el Espacio. Pero la verdad es que ninguna de las anteriores resulta tan perturbadora, cruel y repleta de abyectas dobles lecturas.

Dirigida por un amante de lo sórdido como es el holandés Paul Verhoeven, Robocop partía de un argumento prototípico para la serie B: un policía es salvajemente tiroteado en acto de servicio y sus restos (básicamente el rostro, un trozo de cerebro y una parte de la columna vertebral) son insertados en un cuerpo metálico e informatizado, dando como resultado una nueva clase de agente de la ley incansable, casi invulnerable y con un código de actuación inamovible. Lo que podría haber degenerado en un panfleto fascistoide sobre la necesidad de mano dura en el mundo actual o directamente en una fantasía irrelevante, se convirtió bajo las órdenes de Verhoeven en una memorable sátira sobre el capitalismo, el mundo de los negocios y las corporaciones y también en una relectura del mito de Frankenstein y la resurrección.

Robocop es también un brillante espectáculo de acción que combina a la perfección el entretenimiento puro con la descarada visión de sus creadores sobre los Estados Unidos. De hecho, el propio director afirmaba que su película era simplemente la visión de un extranjero desconcertado en la norteamérica de finales de los 80.

Violencia y cirugía

Hoy en día sería impensable que un producto hollywoodiense contuviera la imparable, repugnante e insólita violencia contenida en Robocop. Desde luego no es una película para el público infantil, pero el hecho de haberla descubierto de niño ha contribuido a la intensidad con que recuerdo algunas escenas (y creo que lo  mismo le ocurre a mucha gente de mi indefinible "generación"). En primer lugar, el asesinato del agente Murphy se me antoja como la muerte más traumática que yo recuerde haber visto en pantalla. El mal absoluto que encarna la banda de Clarence Bodiger (memorable villano) se une al sufrimiento físico del policía, retratado con un regusto absolutamente gore que tienta al espectador a desviar la mirada. Además, el martirio del agente para luego "resucitar" en un cuerpo indestructible da el primer aviso sobre las intenciones de la cinta: sólo en una sociedad enferma podría darse un trato semejante a su "salvador", o mejor aún, a su Cristo.

Más orgías de líquido rojo y vísceras se dan en la conversión de Murphy en Robocop (angustiosas escenas de la operación en plano subjetivo), en todos los tiroteos (donde parece que en vez de balas se usan misiles antitanque, a juzgar por los impactos), en la clásica secuencia del malhechor derretido en ácido (un punto culminante de explícito gore aún no igualado por el cine comercial) o en la lucha final entre Murphy y Clarence.

Espiritualidad y dividendos

Además de esa acción deudora del lenguaje del cómic (Frank Miller guionizó la segunda parte), Robocop denuncia a las grandes corporaciones y a sus ejecutivos como monstruos sin alma, capaces de privatizar una ciudad entera y desposeerla de un mínimo de seguridad incitando la delincuencia extrema desde los despachos y la consiguiente demanda de un nuevo modelo de agente de la ley capaz de hacerla frente. No hay que olvidar que el film se rodó en el punto álgido del reaganismo, cuando la agresividad en el mundo de los negocios no conocía ética ni límites. Así pues, tenemos a la OCP como macro-empresa capaz de proporcionar al viejo Detroit (símbolo de la decadencia del modelo industrial clásico) la posibilidad de reciclarse en la flamante Delta City. El camino hacia esa reconversión conllevará inducir el caos en las calles para abrir las oportunidades de negocio de la OCP, en un mercado donde las vidas humanas no son más que otra moneda de cambio.

Tampoco hay que olvidar en este sentido la descripción de la rivalidad entre los ejecutivos de la gran empresa, capaces literalmente de acribillarse los unos a los otros para conseguir sus objetivos.

Frente a esos hombres de negocios, la heroicidad y la verdadera humanidad persisten en el nuevo agente robótico cuando éste toma consciencia de sí mismo y de sus recuerdos en un periplo existencialista en busca del alma y la esencia humana. De este modo, hallamos otra mirada de Verhoeven hacia un clásico de la cultura moderna como es Frankenstein. Y también asistimos a la brillante construcción del personaje de Murphy/Robocop, cuya desolación al saber lo que ha ocurrido verdaderamente conmueve y hace que el espectador empatice con sus ansias de venganza y justicia.

En definitiva, una obra comercialmente bien entendida, mordaz como pocas, espectacular e impactante. Un clásico contemporáneo que, bajo su apariencia de entrenimiento sádico pone el acento en la incorregible habilidad de algunos seres humanos (cierta clase de empresarios y poderosos en general) para llevarse por delante todo lo que se oponga a sus inconsolables ansias de poder.


martes, 29 de septiembre de 2009

AGUJERO NEGRO

Gracias a las adaptaciones cinematográficas, parece que el mundillo del cómic (o "novela gráfica" para los usuarios de gafas de innombrable material) poco a poco está adquiriendo cierto respeto intelectual. Hollywood y, en menor medida la industria del Anime y del cine europeo, han devuelto a cambio una especie de constatación por parte del público no especialista de que la etiqueta de "noveno arte" no parece en absoluto fuera de lugar si se consideran los méritos de las grandes obras maestras del medio.

Agujero Negro, escrita y dibujada por el americano Charles Burns (de Seattle, denominación de origen pues) sin duda es una de esas obras maestras. Se trata de uno los relatos más profundos, imaginativos e inquietantes que he podido leer. Narra los hechos acaecidos en una pequeña ciudad de los USA cuando los adolescentes nativos comienzan a manifestar unas extrañas mutaciones, de origen supuestamente venéreo y que se mueven entre lo discreto a lo directamente aberrante.

Ambientada en los años setenta, partimos de un argumento de ciencia ficción para reflexionar sobre el trauma de crecer, el aislamiento, la soledad y el descubrimiento de placeres ancestralmente ambivalentes: el sexo y las drogas. Toda una metáfora, bastante extrema, eso hay que reconocerlo, sobre el proceso de hacerse adulto. Llama la atención la ausencia de figuras paternas en toda la historia, acentuando así la sensación de que los personajes se mueven en un mundo incierto y sin límites que marquen un mínimo espacio de seguridad.

Estéticamente, el dibujo se corresponde con el tono alucinado, paranoico y, a veces, desesperadamente romántico de lo que se nos cuenta. Los rostros se mueven a medio camino entre la caricatura y el realismo, usando imaginativamente todo un arsenal de figuras en espiral y puntuales explosiones de objetos de cuyo significado sólo seremos conscientes cuando todo termine. En cierto modo, ese aire psicodélico invita a interiorizar mejor el revuelo existencial y hormonal de los personajes, del mismo modo que la fotografía, la banda sonora o el montaje en una película subrayan más cosas de las que observamos en primera instancia.

Un viaje inolvidable del que se sale extrañamente reconfortado debido a su final posibilista, y un ejercicio de estilo que lleva el lenguaje del cómic a otro nivel, extraordinariamente personal y sugerente en este caso.